Vuelvo a leer lo escrito por mi la vez anterior, releo lo escrito por ustedes, y me pregunto como el tema del tiempo y su carencia, que fue el núcleo de lo que escribí, resultó el disparador del recuerdo del suicidio de seres queridos y los sentimientos que despiertan esos actos incomprensibles para la mayoría de nosotros.
El desgarramiento, la culpa, la ausencia insoportable por momentos, pero por encima de todo, la necesidad de buscarle explicación a lo inexplicable. Y apelamos a nuestros conocimientos de psicología, a nuestra fe religiosa, sea cual fuere y nos ahogamos en preguntas sin respuesta: debí haberle dicho mas a menudo que lo amaba? porqué no me di cuenta de su angustia? qué necesidad tenia que yo no percibí? y si hubiera estado con el en ese momento, hubiera sucedido? son cobardes los suicidas? o son los verdaderos valientes? Y así hasta el infinito.
No hay respuestas. Esa es la mala noticia. Si aceptamos que en toda vida hay una porción de misterio que no manejamos ni entendemos, podemos convertirla en un arma poderosa de desarrollo y evolución, y transmutarla en buena. Pero tenemos que tener el coraje de vivir en la incerteza (ni siquiera estoy segura de que exista este termino), nada hay seguro y sin embargo tengo que gozar el instante sabiendo que el siguiente puede ser esquivo.
Quiero aclarar que cuando hablo de gozar no me refiero al famoso "pensamiento positivo" ni al "esto me saldrá bien" repetido hasta el cansancio. Me refiero a sentir la textura de estar vivo en la que caben el dolor, las lagrimas, y el lamento por las perdidas tanto como el placer y las celebraciones y la risa fácil. Pero tenemos que aceptar que la falta de certezas es la constante del hecho de estar vivo.
Alcohólicos Anónimos tiene la Oración de la serenidad y la convirtió en el credo laico de millones de personas que han querido, que han deseado, vencerse a si mismos y ser libres, con apabullante éxito:
"Señor, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar las que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia".
Esta frase me acompaña desde que la aprendí, hace ya muchos años, y tengo tan aceitado el mecanismo que aparecen solas la pregunta y la respuesta.
Aceptar que no puedo cambiar algo, de mi vida o de la de otros, o de la situación del mundo, no me ahorrará la tristeza de saber que las cosas no son como me gustaría, pero me impulsará a la acción de manera irrenunciable si creo que mi intervención puede mejorar la propia vida o la de otros.
Los otros no me pertenecen y cada destino tiene un diseño incomprensible. Incluso el mío.
Lloremos a los seres queridos que decidieron dejarnos por propia voluntad, pero no intentemos entender. Correremos el riesgo de atribuirles intenciones por lo menos erróneas y seguro que no se lo merecen.
Cuando tengamos un sueño trabajemos denodadamente para conseguirlo pero sepamos que puede no resultar como queríamos, y eso no debería abatirnos. Mas bien reflexionar en el beneficio oculto de no haberlo logrado.
Pero eso es ya un tema de fe en la propia vida y en el propio destino y merece un desarrollo aparte.
Yo no podía imaginar lo que desató mi intervención anterior y si alguien me hubiera preguntado seguramente habría contestado que prefería que no ocurriera, sin embargo bendigo el momento en que les permitió a ustedes hablar del tema y compartirlo.
Ven? Nunca se sabe.
De lo que si estoy segura es de que lo que sale verdaderamente del corazón y sin especulaciones llega a buen puerto indefectiblemente.
Los abrazo
Leonor
P/D. Mañana termina "Brujas" por este año. Esta semana comenzamos las grabaciones de "Herederos..."
Preparo la charla sobre las Doce sugerencias para una vida mejor que están en el libro y de la que prometí tenerlos al tanto.
sábado, 27 de noviembre de 2010
domingo, 21 de noviembre de 2010
SOCORRO!!!!!!!!!!!! ADONDE SE HA METIDO EL TIEMPO?
Sé perfectamente que hace muchos días que no escribo.
Eso no quiere decir que no piense en escribir, que barajo temas que provoquen pensamientos, reconozco que el hacer pensar me entusiasma mucho más que el debate.
Al debate lo siento interesado, intenta siempre "convencerme" de algo diferente a mi idea acerca de un tema, lo cual no es malo si viene acompañado por la libertad de seguir pensando lo que ya pensaba, pero esto sucede en general en los debates privados, en los que personas que se dedican al pensamiento vuelcan lo que contiene su cabeza sin otra intención que darle al prójimo material de reflexión y duda.
Los debates televisivos me provocan incredulidad, rechazo y escozor.
Salvo honorabilísimas excepciones los que debaten tienen intereses creados tan evidentes que, mirados con distancia y sin apasionamiento, resultan ingenuos y hasta humorísticos.
Pero no me quiero ir del tema, y el tema es la cantidad de cosas que estoy haciendo.
Ninguna es banal, ninguna puede ser hecha livianamente. Ni el teatro, ni el comienzo de la telenovela, ni las sucesivas presentaciones del libro y sus consecuencias, que por cierto me resultan tan gratificantes que las tomo como una señal de estar transitando el camino correcto, ni mi vida personal, ni estos contactos a través del blog, todo, absolutamente todo es tomado por mí con tanta dedicación y seriedad que a veces me pregunto si no estoy sobrecargándome de responsabilidades y sin tiempo para el disfrute. Pero resulta que todo lo que hago me produce placer y crecimiento y, decididamente, no voy a renunciar a ello. Entonces aparece el dilema. De allí el SOCORRO del título.
Paralelamente la forma filosófica de mi manera de actuar en la vida es la aceptación de lo que ha venido sin esfuerzo. Y cuando digo esto me refiero a cualquier persona o cosa o trabajo que haya llegado sin que yo haya movido, conscientemente, nada que funcione como disparador para lograr esos resultados. Y digo conscientemente porque creo haber aclarado ya que creo firmemente que todo, absolutamente todo lo que nos ocurre es un encadenamiento de acciones, pensamientos o intenciones que alguna vez estuvieron en nuestra mente en forma de deseo, y que la vida se encarga de convertir en destino. Y esto es fácil de aceptar cuando lo que viene son logros, premios o gratificaciones.
Todo es más difícil cuando hablamos de pérdidas o frustraciones.
Para aclararnos, porque tengo la impresión de estar siendo algo confusa, todo lo que estoy haciendo vino sin que lo buscara, el teatro, el libro, el blog, la televisión, y me gusta pensar en una especie de cosecha abundante, gozosa, muy palpable y también laboriosa.
Esto no es ni mucho menos una queja. Es una comprobación. Hace unos días, Facundo Manes, un medico neurólogo amigo, dijo que las personas no deberían jubilarse cuando aman lo que hacen. Estoy de acuerdo.
Estoy con poco tiempo pero nada dispersa.
Estoy ocupada pero muy plena.
Agotada pero saludable.
Sin certezas acerca de como será el día de mañana, pero segura de que, sea lo que sea lo que traiga, voy a poder con ello.
Los orientales dicen: "Cada vez que digo "no puedo soportarlo", es que lo estoy soportando".
Los abrazo.
Leonor.
P/D. Los fragmentos de "El Diario de Esperanza" fueron escritos por mí para un libro que nunca fue publicado y a la editora de "Que haces para estar así?" le parecieron interesantes.
Cuando digo que solo seduzco cuando desprecio a alguien quiero decir que no uso la seducción como arma. La uso solo con los que no me interesan. Y tal vez valga aclarar que no me enorgullece hacerlo.
En mi opinión, el chisme no es inofensivo nunca. Simplemente porque no sabemos adónde irá a parar, cuales serán sus consecuencias, ni las modificaciones que sufrirá en su camino.
Eso no quiere decir que no piense en escribir, que barajo temas que provoquen pensamientos, reconozco que el hacer pensar me entusiasma mucho más que el debate.
Al debate lo siento interesado, intenta siempre "convencerme" de algo diferente a mi idea acerca de un tema, lo cual no es malo si viene acompañado por la libertad de seguir pensando lo que ya pensaba, pero esto sucede en general en los debates privados, en los que personas que se dedican al pensamiento vuelcan lo que contiene su cabeza sin otra intención que darle al prójimo material de reflexión y duda.
Los debates televisivos me provocan incredulidad, rechazo y escozor.
Salvo honorabilísimas excepciones los que debaten tienen intereses creados tan evidentes que, mirados con distancia y sin apasionamiento, resultan ingenuos y hasta humorísticos.
Pero no me quiero ir del tema, y el tema es la cantidad de cosas que estoy haciendo.
Ninguna es banal, ninguna puede ser hecha livianamente. Ni el teatro, ni el comienzo de la telenovela, ni las sucesivas presentaciones del libro y sus consecuencias, que por cierto me resultan tan gratificantes que las tomo como una señal de estar transitando el camino correcto, ni mi vida personal, ni estos contactos a través del blog, todo, absolutamente todo es tomado por mí con tanta dedicación y seriedad que a veces me pregunto si no estoy sobrecargándome de responsabilidades y sin tiempo para el disfrute. Pero resulta que todo lo que hago me produce placer y crecimiento y, decididamente, no voy a renunciar a ello. Entonces aparece el dilema. De allí el SOCORRO del título.
Paralelamente la forma filosófica de mi manera de actuar en la vida es la aceptación de lo que ha venido sin esfuerzo. Y cuando digo esto me refiero a cualquier persona o cosa o trabajo que haya llegado sin que yo haya movido, conscientemente, nada que funcione como disparador para lograr esos resultados. Y digo conscientemente porque creo haber aclarado ya que creo firmemente que todo, absolutamente todo lo que nos ocurre es un encadenamiento de acciones, pensamientos o intenciones que alguna vez estuvieron en nuestra mente en forma de deseo, y que la vida se encarga de convertir en destino. Y esto es fácil de aceptar cuando lo que viene son logros, premios o gratificaciones.
Todo es más difícil cuando hablamos de pérdidas o frustraciones.
Para aclararnos, porque tengo la impresión de estar siendo algo confusa, todo lo que estoy haciendo vino sin que lo buscara, el teatro, el libro, el blog, la televisión, y me gusta pensar en una especie de cosecha abundante, gozosa, muy palpable y también laboriosa.
Esto no es ni mucho menos una queja. Es una comprobación. Hace unos días, Facundo Manes, un medico neurólogo amigo, dijo que las personas no deberían jubilarse cuando aman lo que hacen. Estoy de acuerdo.
Estoy con poco tiempo pero nada dispersa.
Estoy ocupada pero muy plena.
Agotada pero saludable.
Sin certezas acerca de como será el día de mañana, pero segura de que, sea lo que sea lo que traiga, voy a poder con ello.
Los orientales dicen: "Cada vez que digo "no puedo soportarlo", es que lo estoy soportando".
Los abrazo.
Leonor.
P/D. Los fragmentos de "El Diario de Esperanza" fueron escritos por mí para un libro que nunca fue publicado y a la editora de "Que haces para estar así?" le parecieron interesantes.
Cuando digo que solo seduzco cuando desprecio a alguien quiero decir que no uso la seducción como arma. La uso solo con los que no me interesan. Y tal vez valga aclarar que no me enorgullece hacerlo.
En mi opinión, el chisme no es inofensivo nunca. Simplemente porque no sabemos adónde irá a parar, cuales serán sus consecuencias, ni las modificaciones que sufrirá en su camino.
domingo, 7 de noviembre de 2010
OCTAVO PECADO CAPITAL
Llego al teatro y una persona que trabaja en el equipo me comenta que escuchó que alguien dijo de otra persona que .... y cuando termina el relato agrega: "A mi no me consta". Lo que había dicho era algo verdaderamente lesivo para el destinatario.
Era, verdad o mentira, un daño. Y yo agrego verdad o mentira porque poco importa la veracidad de una maledicencia. "Repite, repite que algo queda". Eso es el chisme. Y nunca puede ser bueno. No tiene esa posibilidad. No está en su naturaleza. La naturaleza del chisme es dañar. Y en su peor forma, revestido de inocencia, "no sé", "me lo dijeron", "lo escuche por la tele", "te lo cuento por si te interesa".
Creo, firmemente, que el chisme es el octavo pecado capital.
Yo no creo en el pecado, creo que hay caminos individuales muy intrincados y complejos y misteriosos, y que por esos caminos transitamos a veces por situaciones de riesgo para nosotros mismos y para los otros. Pero ese es un tema para desarrollar en otra oportunidad porque hoy les quería hablar del chisme.
Del que está a la vista y del encubierto. Siempre pensé que el peor programa de televisión, aun el más aberrante de ellos, es mejor que los que repiten sus fragmentos. Esos fragmentos cortados, elegidos, editados, musicalizados y comentados por conductores que en general son los "buenos" frente a sus panelistas que son "los malos".
Es bastante probable que mi propuesta de hoy no sea de las mas fáciles de entender simplemente porque estamos tan habituados que la situación suena inocente y divertida, pero yo les aseguro que no es bueno hablar de los otros, sea verdad o mentira y casi me atrevería a arriesgar que no es bueno aunque se hable bien.
Contemplar por un rato la vida sin juzgarla es un ejercicio extraordinario.
Contemplar la vida y la vida de los otros sin sacar conclusiones, es acercarnos a nuestro núcleo esencial.
Todos, absolutamente todos, tenemos cosas de las que no nos gusta hablar, cosas que no queremos que se sepan. Todos tenemos secretos. Bienvenidos sean! Que no nos importen las personas que exponen voluntariamente sus vidas como las achuras en la mesa del carnicero.
Adueñémonos de nuestro propio rumbo. Eso es lo más difícil en los tiempos que nos ha tocado vivir. Porque todo conspira en contra de la construcción de la persona humana y porque suena por ahí la frase más miserable, a mi entender, sobre todo por los que manejan los medios de comunicación y esa frase es: "Hay que darle a la gente lo que la gente quiere". Tiempo de supuesto progreso tecnológico que se convierte en inmediato retroceso cuando no podemos ponerlo a nuestro servicio.
Y lo peor de todo es que, sin darnos cuenta, adosamos el método de la televisión, como un papel carbónico, a nuestra propia vida y con la misma liviandad que consumimos el chisme televisivo lo aplicamos a nuestro entorno más cercano y, literalmente, vivimos hablando de los otros.
Es mejor, más divertido y más nutriente hablar "con" los otros.
Les propongo algo: júntense cuatro o cinco con la consigna, por lo menos durante una hora o dos, de no hablar de nada que no sea ustedes mismos, sus problemas, sus alegrías, sus sueños, sus dificultades y sus esperanzas. De cómo piensan encarar una relación, ya sea para terminarla o comenzarla. Y tengan presente todo el tiempo que no hay ser humano más importante que cada uno de ustedes.
Habrán escuchado hasta el cansancio que eso es egoísmo, olvídense. En cada uno de ustedes está presente la manifestación del misterio, de la divinidad, de lo intangible, y todas las posibilidades. Pónganse, como los mineros de Chile, una vincha con una linterna en la cabeza y avancen hacia ese destino extraordinario que los está esperando.
Nadie es un buen ejemplo. Yo tampoco, claro. Yo soy, simplemente, un intermediario que tiene la obligación de mostrarles las cosas como mejor cree que son y que ha logrado, después de muchísimos avatares, lograr una vida plena. Tengo problemas todos los días, todo el tiempo, pero he aprendido a lidiar con ellos y me siento como en un estado de gracia en el que también caben, claro está, las decepciones y las lagrimas.
Nada de esto me lo dio el ocuparme de los otros y mucho menos el chisme o la televisión.
Escuchar algo de otra persona y no repetirlo, les aseguro que es muy difícil resistir la tentación, es una experiencia iniciática.
Los abrazo.
Leonor.
P/D. Pronto habrá una charla sobre los Doce pasos para una vida mejor que figuran en el libro. Los tendré al tanto.
Era, verdad o mentira, un daño. Y yo agrego verdad o mentira porque poco importa la veracidad de una maledicencia. "Repite, repite que algo queda". Eso es el chisme. Y nunca puede ser bueno. No tiene esa posibilidad. No está en su naturaleza. La naturaleza del chisme es dañar. Y en su peor forma, revestido de inocencia, "no sé", "me lo dijeron", "lo escuche por la tele", "te lo cuento por si te interesa".
Creo, firmemente, que el chisme es el octavo pecado capital.
Yo no creo en el pecado, creo que hay caminos individuales muy intrincados y complejos y misteriosos, y que por esos caminos transitamos a veces por situaciones de riesgo para nosotros mismos y para los otros. Pero ese es un tema para desarrollar en otra oportunidad porque hoy les quería hablar del chisme.
Del que está a la vista y del encubierto. Siempre pensé que el peor programa de televisión, aun el más aberrante de ellos, es mejor que los que repiten sus fragmentos. Esos fragmentos cortados, elegidos, editados, musicalizados y comentados por conductores que en general son los "buenos" frente a sus panelistas que son "los malos".
Es bastante probable que mi propuesta de hoy no sea de las mas fáciles de entender simplemente porque estamos tan habituados que la situación suena inocente y divertida, pero yo les aseguro que no es bueno hablar de los otros, sea verdad o mentira y casi me atrevería a arriesgar que no es bueno aunque se hable bien.
Contemplar por un rato la vida sin juzgarla es un ejercicio extraordinario.
Contemplar la vida y la vida de los otros sin sacar conclusiones, es acercarnos a nuestro núcleo esencial.
Todos, absolutamente todos, tenemos cosas de las que no nos gusta hablar, cosas que no queremos que se sepan. Todos tenemos secretos. Bienvenidos sean! Que no nos importen las personas que exponen voluntariamente sus vidas como las achuras en la mesa del carnicero.
Adueñémonos de nuestro propio rumbo. Eso es lo más difícil en los tiempos que nos ha tocado vivir. Porque todo conspira en contra de la construcción de la persona humana y porque suena por ahí la frase más miserable, a mi entender, sobre todo por los que manejan los medios de comunicación y esa frase es: "Hay que darle a la gente lo que la gente quiere". Tiempo de supuesto progreso tecnológico que se convierte en inmediato retroceso cuando no podemos ponerlo a nuestro servicio.
Y lo peor de todo es que, sin darnos cuenta, adosamos el método de la televisión, como un papel carbónico, a nuestra propia vida y con la misma liviandad que consumimos el chisme televisivo lo aplicamos a nuestro entorno más cercano y, literalmente, vivimos hablando de los otros.
Es mejor, más divertido y más nutriente hablar "con" los otros.
Les propongo algo: júntense cuatro o cinco con la consigna, por lo menos durante una hora o dos, de no hablar de nada que no sea ustedes mismos, sus problemas, sus alegrías, sus sueños, sus dificultades y sus esperanzas. De cómo piensan encarar una relación, ya sea para terminarla o comenzarla. Y tengan presente todo el tiempo que no hay ser humano más importante que cada uno de ustedes.
Habrán escuchado hasta el cansancio que eso es egoísmo, olvídense. En cada uno de ustedes está presente la manifestación del misterio, de la divinidad, de lo intangible, y todas las posibilidades. Pónganse, como los mineros de Chile, una vincha con una linterna en la cabeza y avancen hacia ese destino extraordinario que los está esperando.
Nadie es un buen ejemplo. Yo tampoco, claro. Yo soy, simplemente, un intermediario que tiene la obligación de mostrarles las cosas como mejor cree que son y que ha logrado, después de muchísimos avatares, lograr una vida plena. Tengo problemas todos los días, todo el tiempo, pero he aprendido a lidiar con ellos y me siento como en un estado de gracia en el que también caben, claro está, las decepciones y las lagrimas.
Nada de esto me lo dio el ocuparme de los otros y mucho menos el chisme o la televisión.
Escuchar algo de otra persona y no repetirlo, les aseguro que es muy difícil resistir la tentación, es una experiencia iniciática.
Los abrazo.
Leonor.
P/D. Pronto habrá una charla sobre los Doce pasos para una vida mejor que figuran en el libro. Los tendré al tanto.
miércoles, 27 de octubre de 2010
ACERCA DEL CENSO Y DE LA MUERTE
Había dejado el miércoles en blanco para contestar mails y leer y disfrutaba por anticipado de esa forzada inacción que imponía el feriado obligatorio. También esta columna que usualmente escribo los domingos estaba en mis planes. Pensé que escribiría con más tiempo dado que literalmente no había nada para hacer.
Confieso que no me hacía mucha gracia la idea de abrirle la puerta a un desconocido y contestar preguntas que, en mi fóbica imaginación, violan mi derecho a no contestar sobre mi vida personal, etc., etc., (todos los etcéteras son la basura que el tiempo y el hecho de ser una persona conocida han acumulado en mi mente y que denodadamente me esfuerzo por limpiar). Mis prejuicios fueron inmediatamente borrados por la presencia de una gentil y agradable censista llamada Marina con la que tomamos café en la cocina, y por el inocuo y nada invasivo carácter de las preguntas. Marina me conto que estudiaba Ciencias Sociales en contra de la voluntad de sus padres que opinan que eso no da dinero y no pude menos que preguntarme, donde está la modernidad? Adonde el cambio? Siguen los padres aconsejando a sus hijos seguir carreras que tengan como única meta los ingresos?
En eso estaba mientras lavaba las tazas cuando sonó el teléfono, era mi hijo dándome la noticia de la muerte del ex-presidente. El también me había llamado para avisarme de la muerte de Romina hace unas semanas. Sabe que no pongo el televisor ni la radio salvo por la noche y probablemente hubiera tardado en enterarme.
Y ya nada fue igual. Ni el quehacer, ni el pensamiento, ni los planes. Ni siquiera lo que pensaba escribir en este espacio. Había ocurrido aquello que nos iguala, lo que nos pone a todos, nos guste o no, a mirar para ese sitio que detestamos.
Y ante esa incontestable presencia que se traduce en ausencia se disuelven como espuma entre los dedos nuestras opiniones acerca de los que nos preceden en el ineludible viaje. Si nos gustaban, si no nos gustaban, si estando en su lugar hubiéramos hecho algo distinto de lo que hicieron ellos, si hubiéramos sido mejores hijos, mejores esposos, mejores amigos, mejores funcionarios. Toda muerte provoca dolor en alguien. La intensidad depende de la cercanía con el que ha partido. Hagamos silencio en vez de cálculos. Silencio interno.
Intentar el silencio es muy difícil. Es tal la costumbre de opinar, de la maledicencia, del chisme, que hemos llegado a creer que es un derecho. Tal la confusión. No un derecho pero una obligación es no hablar de lo que no sabemos. Si estamos ocupados en tener una vida, propia, personal, única, en construirla, a pesar de lo que conspira en contra el tiempo que nos ha tocado vivir, tendremos menos tiempo y energía para ocuparnos de lo que no sea ese proyecto sagrado que es tener una vida útil para nosotros mismos y para los demás. Útil y plena.
Se me puede decir que en el caso del ex-presidente era una vida pública y que sus decisiones modificaban la vida de todos nosotros y es verdad. Pienso en la política como en una vocación admirable y difícil. Creo también que hay ámbitos para ejercerla, incluso como ciudadanos, y que involucrarse es una posibilidad que no siempre aprovechamos.
No hay mucha diferencia en la calidad moral de los que van armados a un corte de calles y los que se insultan y denigran en los programas de televisión. Unos quitan, literalmente, la vida. Los otros la degradan y la llevan a lugares de los que es imposible volver.
La muerte vendrá un día....
Mientras estemos aquí no malgastemos lo que nos ha sido dado.
Lloremos a nuestros muertos. Podemos hacerlo mientras tomamos un vaso de vino.
Respetemos la vida, la nuestra antes que ninguna, ya que sin ella es imposible todo lo demás.
Luchemos por materializar nuestros sueños. Si alguna vez aterrizaron en nuestras mentes, son posibles.
Los abrazo
Leonor
P/D. Le deseo a Marina, mi censista de hoy, que pueda terminar su carrera y vivir de ella como es su deseo.
Confieso que no me hacía mucha gracia la idea de abrirle la puerta a un desconocido y contestar preguntas que, en mi fóbica imaginación, violan mi derecho a no contestar sobre mi vida personal, etc., etc., (todos los etcéteras son la basura que el tiempo y el hecho de ser una persona conocida han acumulado en mi mente y que denodadamente me esfuerzo por limpiar). Mis prejuicios fueron inmediatamente borrados por la presencia de una gentil y agradable censista llamada Marina con la que tomamos café en la cocina, y por el inocuo y nada invasivo carácter de las preguntas. Marina me conto que estudiaba Ciencias Sociales en contra de la voluntad de sus padres que opinan que eso no da dinero y no pude menos que preguntarme, donde está la modernidad? Adonde el cambio? Siguen los padres aconsejando a sus hijos seguir carreras que tengan como única meta los ingresos?
En eso estaba mientras lavaba las tazas cuando sonó el teléfono, era mi hijo dándome la noticia de la muerte del ex-presidente. El también me había llamado para avisarme de la muerte de Romina hace unas semanas. Sabe que no pongo el televisor ni la radio salvo por la noche y probablemente hubiera tardado en enterarme.
Y ya nada fue igual. Ni el quehacer, ni el pensamiento, ni los planes. Ni siquiera lo que pensaba escribir en este espacio. Había ocurrido aquello que nos iguala, lo que nos pone a todos, nos guste o no, a mirar para ese sitio que detestamos.
Y ante esa incontestable presencia que se traduce en ausencia se disuelven como espuma entre los dedos nuestras opiniones acerca de los que nos preceden en el ineludible viaje. Si nos gustaban, si no nos gustaban, si estando en su lugar hubiéramos hecho algo distinto de lo que hicieron ellos, si hubiéramos sido mejores hijos, mejores esposos, mejores amigos, mejores funcionarios. Toda muerte provoca dolor en alguien. La intensidad depende de la cercanía con el que ha partido. Hagamos silencio en vez de cálculos. Silencio interno.
Intentar el silencio es muy difícil. Es tal la costumbre de opinar, de la maledicencia, del chisme, que hemos llegado a creer que es un derecho. Tal la confusión. No un derecho pero una obligación es no hablar de lo que no sabemos. Si estamos ocupados en tener una vida, propia, personal, única, en construirla, a pesar de lo que conspira en contra el tiempo que nos ha tocado vivir, tendremos menos tiempo y energía para ocuparnos de lo que no sea ese proyecto sagrado que es tener una vida útil para nosotros mismos y para los demás. Útil y plena.
Se me puede decir que en el caso del ex-presidente era una vida pública y que sus decisiones modificaban la vida de todos nosotros y es verdad. Pienso en la política como en una vocación admirable y difícil. Creo también que hay ámbitos para ejercerla, incluso como ciudadanos, y que involucrarse es una posibilidad que no siempre aprovechamos.
No hay mucha diferencia en la calidad moral de los que van armados a un corte de calles y los que se insultan y denigran en los programas de televisión. Unos quitan, literalmente, la vida. Los otros la degradan y la llevan a lugares de los que es imposible volver.
La muerte vendrá un día....
Mientras estemos aquí no malgastemos lo que nos ha sido dado.
Lloremos a nuestros muertos. Podemos hacerlo mientras tomamos un vaso de vino.
Respetemos la vida, la nuestra antes que ninguna, ya que sin ella es imposible todo lo demás.
Luchemos por materializar nuestros sueños. Si alguna vez aterrizaron en nuestras mentes, son posibles.
Los abrazo
Leonor
P/D. Le deseo a Marina, mi censista de hoy, que pueda terminar su carrera y vivir de ella como es su deseo.
sábado, 16 de octubre de 2010
DESOBEDIENCIA DEBIDA
Obediencia debida fue el concepto que adujeron los militares de menor rango cuando, al ser acusados por crímenes de coacción y tortura y privación ilegítima de la libertad, (hay privación "legítima" de la libertad?) y contestaron que jerárquicamente no podían desobedecer a sus superiores. Una orden, en organizaciones absolutamente verticales como el ejército, pero no solo en él, no puede ser desobedecida so pena de..... de que?
Castigo, degradación, cárcel, aislamiento, y siguen las firmas.
Si elijo para empezar un ejemplo tan brutal y salvaje, es porque me gusta experimentar como eso, que hoy parece lejano y superado, permanece en nuestras vidas cotidianas en versión mucho más leve, tanto, que a veces se torna imperceptible y es esa incomodidad intraducible que siento cuando voy a un lugar al que no deseaba ir, cuando me quedo más tiempo del que quería en una reunión, cuando no me levanto del cine o del teatro aun cuando la función o la película me parezcan detestables.
Se me ocurrió este tema cuando leí la respuesta de Erika que me dice, con muy buen criterio, que hay que dejarse mimar y que no sabe si está de acuerdo con mi decisión de no asistir a la foto para la portada de una revista, y pensé que tal vez había algo que debía ser aclarado.
Me causa mucho placer ser reconocida y acepto todos los mimos y honores que provengan de mi trabajo y sus consecuencias, y es bastante probable que asista la próxima vez que me convoquen. Pero hay una "obediencia debida" en lo mío, como seguramente la hay en el ámbito de trabajo de cada uno de ustedes. Los invito a que la desenmascaren. En lo mío es "hay que estar en todos los estrenos", "si no estás la gente te olvida", "si dijiste que no el periodismo te va a dejar de lado", "es importante la vigencia".
Y yo he decidido pensar de verdad en todos y cada uno de esos mandatos y la posibilidad que tienen, si los desobedezco, de estropear mi vida o mi carrera. Mi único límite es el daño a otro. En la vida y en la carrera. Puedo cambiar la palabra carrera, que ya saben que no me gusta, por trabajo, termino al que le otorgo cierta nobleza.
Vuelvo al tema central: si un compañero me dice que me necesita en un estreno porque mi presencia lo puede ayudar a tener mas difusión, estaré allí sin ninguna duda. Si haciendo una función de teatro sin demasiado éxito una noche resulta que hay veinte espectadores en la sala que salieron de sus casas y pagaron su entrada, haré la función como si el teatro estuviera lleno, si me comprometo a estar en una charla de estudiantes de teatro, modesta en su convocatoria y sin ninguna repercusión periodística o económica para mi, cumpliré con ella y con agrado.
Y también aceptaré entrevistas divertidas, y frívolas, y notas glamorosas con fotos estupendas. Porque resulta que tengo, profesionalmente hablando, algo así como una doble vida: soy por un lado una actriz popular y comercial y por otro realizo trabajos, generalmente gestados por mi, que no tienen una repercusión claramente masiva, (Querida Leonor, Rosa, Violeta y Celeste, Juego de opuestos, Time's Up, El Buen destino, mis tres libros escritos hasta hoy). Y entonces resulta que si no preservo mi libertad y todo lo que implica en términos del uso del tiempo, de la energía, de las personas con las que me encuentro, mi libertad tan preciada esta en peligro.
Y resulta que no pasa nada si falto a una portada colectiva, no pasa nada si no voy a todos los eventos y celebraciones e inauguraciones y presentaciones de productos que me invitan, que pueden ser considerados mimos. El producto se venderá igual, la celebración se realizará. Nadie resultará dañado por mi ausencia. Y yo podré hacer uso de mi tiempo en vez de correr maquillada y vestida para poder cumplir con todos.
Los invito a que analicen cuantas veces se encuentran en situaciones parecidas con verdaderos vampiros que requieren de nuestra presencia. Encuentros de lo que en general salimos de mal humor y empobrecidos.
La mala noticia es que nos pasa a todos.
La buena es que se puede salir de esa prisión.
Ser obediente sin reflexión no es bueno. La sociedad en la que vivimos nos necesita obedientes ciegos de principios arbitrarios.
Por supuesto que se pagan precios. Esa es, también, una elección.
Muchas veces no le gustaremos a alguien. Seremos tachados de egoístas, amenazados con la soledad. Pero el cuerpo sabrá, avisándonos con una sensación de placer absolutamente reconocible, cada vez que estemos con quien queremos estar, donde queremos estar y en el momento preciso.
Y eso es lo que no tiene precio, lo que nos hace libres y felices, y no cotiza en el mercado.
Los abrazo
Leonor
P/D. Leandro: tal vez el cáncer deje de apagar vidas el día en que algunos científicos decidan desobedecer las ordenes de los laboratorios que son los que manejan la vida y la muerte de todas las personas.
Castigo, degradación, cárcel, aislamiento, y siguen las firmas.
Si elijo para empezar un ejemplo tan brutal y salvaje, es porque me gusta experimentar como eso, que hoy parece lejano y superado, permanece en nuestras vidas cotidianas en versión mucho más leve, tanto, que a veces se torna imperceptible y es esa incomodidad intraducible que siento cuando voy a un lugar al que no deseaba ir, cuando me quedo más tiempo del que quería en una reunión, cuando no me levanto del cine o del teatro aun cuando la función o la película me parezcan detestables.
Se me ocurrió este tema cuando leí la respuesta de Erika que me dice, con muy buen criterio, que hay que dejarse mimar y que no sabe si está de acuerdo con mi decisión de no asistir a la foto para la portada de una revista, y pensé que tal vez había algo que debía ser aclarado.
Me causa mucho placer ser reconocida y acepto todos los mimos y honores que provengan de mi trabajo y sus consecuencias, y es bastante probable que asista la próxima vez que me convoquen. Pero hay una "obediencia debida" en lo mío, como seguramente la hay en el ámbito de trabajo de cada uno de ustedes. Los invito a que la desenmascaren. En lo mío es "hay que estar en todos los estrenos", "si no estás la gente te olvida", "si dijiste que no el periodismo te va a dejar de lado", "es importante la vigencia".
Y yo he decidido pensar de verdad en todos y cada uno de esos mandatos y la posibilidad que tienen, si los desobedezco, de estropear mi vida o mi carrera. Mi único límite es el daño a otro. En la vida y en la carrera. Puedo cambiar la palabra carrera, que ya saben que no me gusta, por trabajo, termino al que le otorgo cierta nobleza.
Vuelvo al tema central: si un compañero me dice que me necesita en un estreno porque mi presencia lo puede ayudar a tener mas difusión, estaré allí sin ninguna duda. Si haciendo una función de teatro sin demasiado éxito una noche resulta que hay veinte espectadores en la sala que salieron de sus casas y pagaron su entrada, haré la función como si el teatro estuviera lleno, si me comprometo a estar en una charla de estudiantes de teatro, modesta en su convocatoria y sin ninguna repercusión periodística o económica para mi, cumpliré con ella y con agrado.
Y también aceptaré entrevistas divertidas, y frívolas, y notas glamorosas con fotos estupendas. Porque resulta que tengo, profesionalmente hablando, algo así como una doble vida: soy por un lado una actriz popular y comercial y por otro realizo trabajos, generalmente gestados por mi, que no tienen una repercusión claramente masiva, (Querida Leonor, Rosa, Violeta y Celeste, Juego de opuestos, Time's Up, El Buen destino, mis tres libros escritos hasta hoy). Y entonces resulta que si no preservo mi libertad y todo lo que implica en términos del uso del tiempo, de la energía, de las personas con las que me encuentro, mi libertad tan preciada esta en peligro.
Y resulta que no pasa nada si falto a una portada colectiva, no pasa nada si no voy a todos los eventos y celebraciones e inauguraciones y presentaciones de productos que me invitan, que pueden ser considerados mimos. El producto se venderá igual, la celebración se realizará. Nadie resultará dañado por mi ausencia. Y yo podré hacer uso de mi tiempo en vez de correr maquillada y vestida para poder cumplir con todos.
Los invito a que analicen cuantas veces se encuentran en situaciones parecidas con verdaderos vampiros que requieren de nuestra presencia. Encuentros de lo que en general salimos de mal humor y empobrecidos.
La mala noticia es que nos pasa a todos.
La buena es que se puede salir de esa prisión.
Ser obediente sin reflexión no es bueno. La sociedad en la que vivimos nos necesita obedientes ciegos de principios arbitrarios.
Por supuesto que se pagan precios. Esa es, también, una elección.
Muchas veces no le gustaremos a alguien. Seremos tachados de egoístas, amenazados con la soledad. Pero el cuerpo sabrá, avisándonos con una sensación de placer absolutamente reconocible, cada vez que estemos con quien queremos estar, donde queremos estar y en el momento preciso.
Y eso es lo que no tiene precio, lo que nos hace libres y felices, y no cotiza en el mercado.
Los abrazo
Leonor
P/D. Leandro: tal vez el cáncer deje de apagar vidas el día en que algunos científicos decidan desobedecer las ordenes de los laboratorios que son los que manejan la vida y la muerte de todas las personas.
domingo, 10 de octubre de 2010
SER PUENTE O SER PERSONAJE
Leo lo que han escrito esta semana y, probablemente mas que el tono y los comentarios, me emociona el ser puente para la comunicación entrelazada de otros seres que hablan y se cuentan y se ayudan sin mi intervención.
Yo solo soy un disparador. Confieso que cuido y pienso las palabras que utilizo tanto en el lenguaje hablado como en el escrito. Creo firmemente que la palabra es la expresión del pensamiento y su consecuencia: a menos términos precisos, a mayor vaguedad, menor es la probabilidad de despertar en el otro la respuesta lógica que entrelaza una idea con otra y produce como resultante un claro entendimiento.
Nótese que dije entendimiento, no acuerdo. Se puede vivir en el disenso. Han notado con cuanta frecuencia demostramos enojo cuando lo que realmente sentimos es tristeza o dolor? Sucede con lo vínculos mas cercanos: parejas, padres e hijos, hermanos, con agobiante repetición. Podríamos probar, como un experimento nomás, ser acertivos obsesivos con las palabras expresadas solo por un día. Para ver que pasa. Claro que eso debe ser acompañado por una profunda verdad del corazón y para eso hay que desterrar conceptos como ganar o perder, los intentos de manipulación de los sentimientos del otro, es que si hago eso voy a quedar como un estúpido.... ustedes saben, cada uno sabe. Y todo esto para decirles que estoy disfrutando el ser un puente.
Los puentes los construye la humanidad desde que existe como tal. Comenzó con lianas y maderas endebles y hoy los puentes son el mayor desafío para los ingenieros actuales que construyen los colgantes, los más largos, los más altos, los más bellos, pero todos con la misma finalidad: unir algo que esta separado, servir de nexo, ayudar a otro a ir hacia un lugar que necesita, que le es útil, que le gusta. Nadie construye un puente para ir hacia algo peor, (salvo nosotros mismos a veces en lo intrincado de nuestros caminos internos), pero si es a conciencia, ese puente debe llevarnos a la integración, a la completud, al placer, a la felicidad. Hablo de los puentes concretos y de los simbólicos.
Y esa es la razón de ser de la segunda parte de este mensaje.
Porque resulta que desde una revista muy conocida fui requerida para formar parte de "Los Personajes del año" que se publicara en la portada, etc.(el etc. quiere decir que eso es considerado importante, por el medio y por la gente que compra la revista). Y con esa manía de analizarlo todo hasta la extenuación, me pregunte cual era la resultante ultima de figurar en esa foto, para mi y para los que me importan.
Y me puse a imaginar, sin demasiada posibilidad de error como podrán suponer, en quienes eran los demás personajes del año y la razón por la que habían sido elegidos.
Se supone que somos modelo de algo? Personas a imitar? Cuál es la razón por la que fuimos elegidos? Somos un puente hacia algo mejor? Por que somos conocidos? Qué hicimos? Tiene el publico en general la posibilidad de saber quien es quien? O es un abigarrado montón de "famosos"?
Creo que el paso de los años tiene cosas buenas y una de esas es alcanzar la posibilidad de elegir y no seguir como rebaño el mandato establecido de lo que es norma y costumbre.
Y elegí no estar. Y estoy contenta. He ejercido el derecho a mi libertad personal.
Quiero ser una persona grande por grandeza no solo mayor por años.
Y si soy un personaje quiero ser también un puente hacia algo que implique reflexión, conflicto interno a veces, pero siempre búsqueda.
Para mis hijos, para ustedes, para los que me quieren, para los que van a recordarme.
Y la mejor pauta de que lo que decidí es bueno para mi es que me siento bien, crecida, libre.
Y se perfectamente que tengo amigos que no estarán de acuerdo con mi decisión, que remarcaran que hay razones por las cuales seria bueno figurar en esa portada, por la carrera y esas cosas.
Yo no estoy corriendo ninguna carrera. Estoy viviendo.
Los abrazo
Leonor
Yo solo soy un disparador. Confieso que cuido y pienso las palabras que utilizo tanto en el lenguaje hablado como en el escrito. Creo firmemente que la palabra es la expresión del pensamiento y su consecuencia: a menos términos precisos, a mayor vaguedad, menor es la probabilidad de despertar en el otro la respuesta lógica que entrelaza una idea con otra y produce como resultante un claro entendimiento.
Nótese que dije entendimiento, no acuerdo. Se puede vivir en el disenso. Han notado con cuanta frecuencia demostramos enojo cuando lo que realmente sentimos es tristeza o dolor? Sucede con lo vínculos mas cercanos: parejas, padres e hijos, hermanos, con agobiante repetición. Podríamos probar, como un experimento nomás, ser acertivos obsesivos con las palabras expresadas solo por un día. Para ver que pasa. Claro que eso debe ser acompañado por una profunda verdad del corazón y para eso hay que desterrar conceptos como ganar o perder, los intentos de manipulación de los sentimientos del otro, es que si hago eso voy a quedar como un estúpido.... ustedes saben, cada uno sabe. Y todo esto para decirles que estoy disfrutando el ser un puente.
Los puentes los construye la humanidad desde que existe como tal. Comenzó con lianas y maderas endebles y hoy los puentes son el mayor desafío para los ingenieros actuales que construyen los colgantes, los más largos, los más altos, los más bellos, pero todos con la misma finalidad: unir algo que esta separado, servir de nexo, ayudar a otro a ir hacia un lugar que necesita, que le es útil, que le gusta. Nadie construye un puente para ir hacia algo peor, (salvo nosotros mismos a veces en lo intrincado de nuestros caminos internos), pero si es a conciencia, ese puente debe llevarnos a la integración, a la completud, al placer, a la felicidad. Hablo de los puentes concretos y de los simbólicos.
Y esa es la razón de ser de la segunda parte de este mensaje.
Porque resulta que desde una revista muy conocida fui requerida para formar parte de "Los Personajes del año" que se publicara en la portada, etc.(el etc. quiere decir que eso es considerado importante, por el medio y por la gente que compra la revista). Y con esa manía de analizarlo todo hasta la extenuación, me pregunte cual era la resultante ultima de figurar en esa foto, para mi y para los que me importan.
Y me puse a imaginar, sin demasiada posibilidad de error como podrán suponer, en quienes eran los demás personajes del año y la razón por la que habían sido elegidos.
Se supone que somos modelo de algo? Personas a imitar? Cuál es la razón por la que fuimos elegidos? Somos un puente hacia algo mejor? Por que somos conocidos? Qué hicimos? Tiene el publico en general la posibilidad de saber quien es quien? O es un abigarrado montón de "famosos"?
Creo que el paso de los años tiene cosas buenas y una de esas es alcanzar la posibilidad de elegir y no seguir como rebaño el mandato establecido de lo que es norma y costumbre.
Y elegí no estar. Y estoy contenta. He ejercido el derecho a mi libertad personal.
Quiero ser una persona grande por grandeza no solo mayor por años.
Y si soy un personaje quiero ser también un puente hacia algo que implique reflexión, conflicto interno a veces, pero siempre búsqueda.
Para mis hijos, para ustedes, para los que me quieren, para los que van a recordarme.
Y la mejor pauta de que lo que decidí es bueno para mi es que me siento bien, crecida, libre.
Y se perfectamente que tengo amigos que no estarán de acuerdo con mi decisión, que remarcaran que hay razones por las cuales seria bueno figurar en esa portada, por la carrera y esas cosas.
Yo no estoy corriendo ninguna carrera. Estoy viviendo.
Los abrazo
Leonor
sábado, 2 de octubre de 2010
TODOS SOMOS ROMINA
Juguemos por un rato a que hay un Dios.
Un Dios que hubiera podido determinar que lo que le pasó a Romina le ocurriera a una chica de Villa Devoto que salía del gimnasio del barrio de realizar su rutina física cotidiana, y se hubiera sentido mal, y un amigo la hubiera llevado al hospital y ....
El efecto no hubiera sido el mismo. Pero ese Dios decidió, con su dedo omnipotente, darnos un golpe grosero y brutal. Cesar Vallejo dice, en un poema memorable, aclaro que lo cito de memoria: "hay golpes en la vida tan fuertes, golpes como del odio de Dios", y también dispuso que nos enteráramos todos, y que nos doliera porque la queríamos, los que la conocíamos y los que no, nos gustaba su manera de manejar su carrera, su perfil bajo, su transcurrir casi en silencio, la no utilización de sus padres como peldaño para su ascenso, su límpida belleza.
Ella trabajó en la ultima película de mi hijo Nicolás, "Horizontal Vertical" y celebraba el haber sido convocada por primera vez para un trabajo en el que ninguno de sus dos padres hubiera tenido nada que ver. Dejó una estela perfumada de bonanza y disciplina y buen hacer. Todos los integrantes de la película están devastados. Como ustedes. Como yo. Conmoción mundial, dijeron las noticias. Pensé en las similitudes con la muerte de Lady Di, la inmediatez, los hijos chicos, los intentos de reanimación. Pero por sobre todo, la necesidad que tuvo ese Dios que acabamos de inventar de que nos enteráramos todos, que nadie pudiera excluirse, sentirse ajeno.
Nos vamos a morir.
Si, pero ella era tan joven, tan bella, tan rica, tan exitosa.... "ELLA LO TENIA TODO".
Una actriz me confesó que se sentía culpable por haber pensado alguna vez, y no con simpatía, que a Cris Morena todo le salía siempre bien.
Sabemos con certeza algo de la vida de los otros? de sus dichas o de sus dolores?
Cuando decimos que lo tenia "todo", de qué hablamos? De fama? De dinero? De rating?
Diríamos lo mismo de alguien que ama y es amado? De una persona compasiva?
"No hay donde ir sino hacia adentro" dijo Doris Lessing. Adhiero a ese pensamiento, lo comparto y lo amplío, vayamos hacia adentro, adentro esta la Isla del tesoro, salud Stevenson!, y salgamos luego al mundo transformados, con el corazón en la mano, corriendo el riesgo de ser heridos por supuesto, pero también tomando la chance de encontrarnos con otro ser humano del que nada sabemos, nunca sabemos, aunque llevemos veinte años apoyando la cabeza en la misma almohada. No cometamos el pecado mortal de decir de alguien que nunca va a cambiar. Ocupémonos de nuestro propio cambio.
Albert Einstein dijo: "La mejor definición de locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes". Si pensamos que algo no está bien en nuestra vida cambiémoslo. Reconocer algo que nos hace infelices y mirarlo de frente es el primer paso hacia la transformación.
Ahora, y por algunas semanas, saldrán en los medios análisis supuestamente profundos acerca de la muerte súbita y lo que es peor, la pregunta de si la muerte de Romina pudo haberse evitado. Me parece miserable. Después se olvidarán y pasarán a otros temas "mas actuales, menos dramáticos, porque no se puede tener a la gente todo el tiempo con el bombardeo de una noticia amarga". Me parece bien. Que los medios hagan lo que más vende, lo que más les rinde, dicho sea de paso la violencia rinde mucho más que el dolor. Todo tipo de violencia, desde la literal a la simbólica. De lo que estoy segura es de que podemos no quedarnos a merced de los vientos de la información.
Nuestro cuerpo, y cuando digo nuestro cuerpo me refiero a nuestra totalidad, física, mental y espiritual, es una maquina infinitamente mas sensible y sofisticada de lo que nos imaginamos, con posibilidades también infinitas de cambio para nosotros mismos.
No nos preocupemos por el futuro. Ocupémonos del presente. Es la única posibilidad que tenemos de no caer en la aseveración de Einstein.
Abandonemos ahora a ese Dios que inventamos por un rato y del que pensamos que era malvado, brutal e inmisericorde. Ya no nos sirve. Ahora estamos solos con nuestro pensamiento y nuestra conciencia.
Escuchar lo que dicen los medios y repetirlo sin reflexión es adherir al chisme, que merecería ser el octavo pecado capital, si existiera.
Lloremos a Romina pero aceptemos que desconocemos las razones de su muerte. Cuidémonos, física y mentalmente.
Yo misma caí en el error de enojarme con mi hijo porque, según mi visión, no cuida su salud debidamente. Por miedo. Y creo de verdad que el miedo, y no el odio, es lo contrario del amor.
Disfrutemos el transcurrir del día a día aun con sus dificultades, es difícil amar las dificultades pero es un buen ejercicio, inténtenlo. Ese es el camino, y saben que?, no sabemos cuando acaba.
Para que Romina no haya muerto en vano.
Hoy, como nunca, los abrazo.
Leonor
Para que no queden cabos sueltos:
Me consta que debo la lista de los autores escandinavos.
Lola Mora es imposible de conseguir en los video clubs porque por un problema legal no fue editada.
Leo todo lo que escriben.
Un Dios que hubiera podido determinar que lo que le pasó a Romina le ocurriera a una chica de Villa Devoto que salía del gimnasio del barrio de realizar su rutina física cotidiana, y se hubiera sentido mal, y un amigo la hubiera llevado al hospital y ....
El efecto no hubiera sido el mismo. Pero ese Dios decidió, con su dedo omnipotente, darnos un golpe grosero y brutal. Cesar Vallejo dice, en un poema memorable, aclaro que lo cito de memoria: "hay golpes en la vida tan fuertes, golpes como del odio de Dios", y también dispuso que nos enteráramos todos, y que nos doliera porque la queríamos, los que la conocíamos y los que no, nos gustaba su manera de manejar su carrera, su perfil bajo, su transcurrir casi en silencio, la no utilización de sus padres como peldaño para su ascenso, su límpida belleza.
Ella trabajó en la ultima película de mi hijo Nicolás, "Horizontal Vertical" y celebraba el haber sido convocada por primera vez para un trabajo en el que ninguno de sus dos padres hubiera tenido nada que ver. Dejó una estela perfumada de bonanza y disciplina y buen hacer. Todos los integrantes de la película están devastados. Como ustedes. Como yo. Conmoción mundial, dijeron las noticias. Pensé en las similitudes con la muerte de Lady Di, la inmediatez, los hijos chicos, los intentos de reanimación. Pero por sobre todo, la necesidad que tuvo ese Dios que acabamos de inventar de que nos enteráramos todos, que nadie pudiera excluirse, sentirse ajeno.
Nos vamos a morir.
Si, pero ella era tan joven, tan bella, tan rica, tan exitosa.... "ELLA LO TENIA TODO".
Una actriz me confesó que se sentía culpable por haber pensado alguna vez, y no con simpatía, que a Cris Morena todo le salía siempre bien.
Sabemos con certeza algo de la vida de los otros? de sus dichas o de sus dolores?
Cuando decimos que lo tenia "todo", de qué hablamos? De fama? De dinero? De rating?
Diríamos lo mismo de alguien que ama y es amado? De una persona compasiva?
"No hay donde ir sino hacia adentro" dijo Doris Lessing. Adhiero a ese pensamiento, lo comparto y lo amplío, vayamos hacia adentro, adentro esta la Isla del tesoro, salud Stevenson!, y salgamos luego al mundo transformados, con el corazón en la mano, corriendo el riesgo de ser heridos por supuesto, pero también tomando la chance de encontrarnos con otro ser humano del que nada sabemos, nunca sabemos, aunque llevemos veinte años apoyando la cabeza en la misma almohada. No cometamos el pecado mortal de decir de alguien que nunca va a cambiar. Ocupémonos de nuestro propio cambio.
Albert Einstein dijo: "La mejor definición de locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes". Si pensamos que algo no está bien en nuestra vida cambiémoslo. Reconocer algo que nos hace infelices y mirarlo de frente es el primer paso hacia la transformación.
Ahora, y por algunas semanas, saldrán en los medios análisis supuestamente profundos acerca de la muerte súbita y lo que es peor, la pregunta de si la muerte de Romina pudo haberse evitado. Me parece miserable. Después se olvidarán y pasarán a otros temas "mas actuales, menos dramáticos, porque no se puede tener a la gente todo el tiempo con el bombardeo de una noticia amarga". Me parece bien. Que los medios hagan lo que más vende, lo que más les rinde, dicho sea de paso la violencia rinde mucho más que el dolor. Todo tipo de violencia, desde la literal a la simbólica. De lo que estoy segura es de que podemos no quedarnos a merced de los vientos de la información.
Nuestro cuerpo, y cuando digo nuestro cuerpo me refiero a nuestra totalidad, física, mental y espiritual, es una maquina infinitamente mas sensible y sofisticada de lo que nos imaginamos, con posibilidades también infinitas de cambio para nosotros mismos.
No nos preocupemos por el futuro. Ocupémonos del presente. Es la única posibilidad que tenemos de no caer en la aseveración de Einstein.
Abandonemos ahora a ese Dios que inventamos por un rato y del que pensamos que era malvado, brutal e inmisericorde. Ya no nos sirve. Ahora estamos solos con nuestro pensamiento y nuestra conciencia.
Escuchar lo que dicen los medios y repetirlo sin reflexión es adherir al chisme, que merecería ser el octavo pecado capital, si existiera.
Lloremos a Romina pero aceptemos que desconocemos las razones de su muerte. Cuidémonos, física y mentalmente.
Yo misma caí en el error de enojarme con mi hijo porque, según mi visión, no cuida su salud debidamente. Por miedo. Y creo de verdad que el miedo, y no el odio, es lo contrario del amor.
Disfrutemos el transcurrir del día a día aun con sus dificultades, es difícil amar las dificultades pero es un buen ejercicio, inténtenlo. Ese es el camino, y saben que?, no sabemos cuando acaba.
Para que Romina no haya muerto en vano.
Hoy, como nunca, los abrazo.
Leonor
Para que no queden cabos sueltos:
Me consta que debo la lista de los autores escandinavos.
Lola Mora es imposible de conseguir en los video clubs porque por un problema legal no fue editada.
Leo todo lo que escriben.
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