Me ha pasado, de hecho me pasa con frecuencia, mirar ciertas vidas y sentir que son mejor que la mía. Más fáciles, con más amor, con más dinero, con más reconocimiento, con más amigos verdaderos, con menos exigencias, menos esfuerzo.
Muchas noches volviendo del teatro, miro las ventanas iluminadas y me imagino gente feliz detrás de los cristales. Personas que comen comidas sencillas, que se aman sencillamente, que se cuentan como fue su día. Tal vez no ocurre nada de eso y esas mismas personas de mi imaginación están frustradas, resentidas y profundamente infelices. Pero no puedo evitarlo: yo me imagino a la gente feliz.
Entonces decido repasar mi agenda emocional y mental de los últimos días:
Grabé escenas de "Herederos..." con las que no estaba muy de acuerdo y pude, casi en el momento, decidir que sería la mejor escena de mi vida, que transformaría cada palabra en el disparador de una emoción, sin importarme el contexto. Provocar emociones es algo que me sale bastante fácilmente. Recurriría a esa capacidad para lograr revertir mi posible disenso con el texto.
Tuve la noticia de la finalización de "Brujas", intempestivamente y sin aviso. Moria Casan decidió no seguir con este trabajo. Le otorgo su derecho y el sabor agridulce dura muy poco. Horas después ya acepto lo que trae la vida y me aplico lo que predico: cosas buenas vienen cuando algo termina.
Comento con un amigo mi intención de fundar una escuela de "Arte y vida". Lo hago al pasar y a los pocos días me presenta a un amigo suyo que se suma con entusiasmo y que tiene los medios intelectuales y económicos para hacerlo.
Saco fotos para una producción de la revista "Hola". Pido a determinados fotógrafos, siempre lo hago, y resulta que están ocupadísimos y me proponen a una fotógrafa colombiana que no conozco, y que resulta de un talento sorprendente y una persona alegre y generosa.
Nunca me había fotografiado una mujer y la experiencia resulta fascinante y enriquecedora. Se llama María de Jesús Álvarez.
La dirección del Multiteatro decide hacer función el lunes, justo cuando mi vestidora desde hace años ya había planeado unas modestas vacaciones de dos días por el feriado. Decido que no las anule de ninguna manera y también decido que un día de arreglármelas sola antes de la función es perfectamente posible y hasta beneficioso para mi. Me explico: el lunes tendré que ser multifuncional y ese es un desafío que jamás desperdicio.
Y llego a la conclusión de que eso es lo mejor de mi vida: el haber llegado a aceptar lo que ocurre y a sacarle provecho. Una parte de mi vida está rigurosamente planeada, con rutinas de disciplina rara vez abandonadas. Pero hay otra parte vacía que espera lo que ocurre, todo eso que no está al alcance de mis decisiones. Lo que pasa, lo inesperado. Todo eso tiene un lugar para que ocurra, y es bienvenido aunque la primera impresión sea de sorpresa o desagrado. Puedo salir rápidamente y mirar el cuadro total y tener las dos posibilidades: o aparece su lado positivo o me quedo en el misterio, en el convencimiento de que pronto será revelada la verdadera intención del "PORQUE ESO RESULTARA BUENO PARA MI VIDA".
Claro que para eso hace falta tiempo vivido y usado para crecer. No se llega allí de un día para el otro. Eso es lo que podemos hacer con el paso del tiempo: o nos convertimos en quejosos y víctimas, o nos detenemos ante cada circunstancia, aunque duela, y sacamos provecho de ella.
Y les aseguro que surge la alegría de estar vivos. Se llega a sentir la verdadera textura de la vida y su disfrute, que incluye el dolor y el sufrimiento claro, pero que no nos toma tan desprevenidos.
Se los deseo. Y los abrazo.
Leonor.
P/D. Para concluir con el tema de la opinión: claro que hay que escuchar las opiniones de los otros. Les cuento lo que hago yo, por si les sirve, y les aseguro que estoy acostumbrada a las opiniones sobre mi persona que emite gente que no tiene la más remota idea de quien soy. Ni bien escucho algo, no solo sobre mi, sobre temas que pueden ser banales o importantes, pienso en la persona que está hablando, en quién es, si me resulta alguien interesante o es un perfecto idiota. Si es inteligente o ignorante. Si es generoso o autoritario. Y entonces decido si escucho y tomo en cuenta lo que dice, o si sencillamente apago mi atención.
Pienso que el tío que provoco la discusión sobre el color de unas uñas pintadas tenía un auditorio familiar muy proclive a discutir y lo hubiera hecho de todas maneras se tocara el tema que se tocara. Y si hacen memoria, no fue esa la primera vez.
sábado, 5 de marzo de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
OPINAR O PENSAR, ESA ES LA CUESTION
Me llamaron de un programa de radio y me preguntaron si podían sacarme al aire en quince minutos. Dije que sí y transcurrió una entrevista amable y divertida acerca de mi personaje en "Herederos..." y la continuidad de "Brujas" en el teatro, con alguna que otra humorada personal.
Y de golpe la pregunta sobre qué opinaba yo de lo que estaba sucediendo con Mirtha Legrand y su despedida probable de la tele. Confieso que no estaba al tanto del entuerto de discusiones y opiniones al respecto y contesté lo que realmente pienso.
Como había leído que ella se sentía dolida por algunos supuestos maltratos desde el mundo de la política y desde el propio mundo del espectáculo, contesté que si pudiera hablar con ella, y al ser yo una acérrima defensora de las libertades individuales, le diría que haga lo que tenga ganas de hacer, lo que realmente desee, y que no le importe lo que digan los otros, que yo jamás haría depender mi vida de una opinión ajena, sea cual fuere.
Pero por supuesto Mirtha Legrand no es el tema.
El tema es la opinión. Opinar de todos y de cualquier tema.
Como esa situación se da permanentemente y ha llegado a parecer lógica y hasta prestigiosa, me parece que no estaría mal contemplarla de otra manera.
No normalicemos lo anormal. Opinar no conduce a nada y nos impide la reflexión la mayoría de las veces. Opinamos sobre las relaciones de nuestros amigos, sobre la conducta de las personas famosas, sobre la ropa y costumbres de los demás, sobre nuestros gustos y disgustos. ¿Nos preguntamos si realmente interesa lo que opinamos?
¿Está bien opinar? ¿Es útil? ¿Cambia las cosas? ¿Alguien nos pidió opinión?
Pienso, y este pensamiento no tiene por que ser compartido, que opinando se nos va la vida que podría ser usada en la acción.
Mientras el ruido de mi cabeza me impide el pensamiento, transcurre un tiempo y una energía que podría ser usada en beneficio propio y de los otros. Algún día hablaremos de que el beneficio propio y el de los otros es la misma cosa.
Si pudiéramos contemplar lo que pasa sin tener una opinión tan férrea e inflexible acerca de lo ocurrido, nos daríamos cuenta de que aparece un terreno poco transitado dentro de nuestras cabezas que se llama el espacio de la duda, que es fértil, alimenticio y, les aseguro, infinitamente mas divertido y nutriente que la opinión, que no conduce a nada y que nos aleja de lo que debería ser la meta obligada de todo ser humano: el desarrollo personal, la evolución, en suma, la felicidad.
Los dejo con la duda y los abrazo.
Leonor
Y de golpe la pregunta sobre qué opinaba yo de lo que estaba sucediendo con Mirtha Legrand y su despedida probable de la tele. Confieso que no estaba al tanto del entuerto de discusiones y opiniones al respecto y contesté lo que realmente pienso.
Como había leído que ella se sentía dolida por algunos supuestos maltratos desde el mundo de la política y desde el propio mundo del espectáculo, contesté que si pudiera hablar con ella, y al ser yo una acérrima defensora de las libertades individuales, le diría que haga lo que tenga ganas de hacer, lo que realmente desee, y que no le importe lo que digan los otros, que yo jamás haría depender mi vida de una opinión ajena, sea cual fuere.
Pero por supuesto Mirtha Legrand no es el tema.
El tema es la opinión. Opinar de todos y de cualquier tema.
Como esa situación se da permanentemente y ha llegado a parecer lógica y hasta prestigiosa, me parece que no estaría mal contemplarla de otra manera.
No normalicemos lo anormal. Opinar no conduce a nada y nos impide la reflexión la mayoría de las veces. Opinamos sobre las relaciones de nuestros amigos, sobre la conducta de las personas famosas, sobre la ropa y costumbres de los demás, sobre nuestros gustos y disgustos. ¿Nos preguntamos si realmente interesa lo que opinamos?
¿Está bien opinar? ¿Es útil? ¿Cambia las cosas? ¿Alguien nos pidió opinión?
Pienso, y este pensamiento no tiene por que ser compartido, que opinando se nos va la vida que podría ser usada en la acción.
Mientras el ruido de mi cabeza me impide el pensamiento, transcurre un tiempo y una energía que podría ser usada en beneficio propio y de los otros. Algún día hablaremos de que el beneficio propio y el de los otros es la misma cosa.
Si pudiéramos contemplar lo que pasa sin tener una opinión tan férrea e inflexible acerca de lo ocurrido, nos daríamos cuenta de que aparece un terreno poco transitado dentro de nuestras cabezas que se llama el espacio de la duda, que es fértil, alimenticio y, les aseguro, infinitamente mas divertido y nutriente que la opinión, que no conduce a nada y que nos aleja de lo que debería ser la meta obligada de todo ser humano: el desarrollo personal, la evolución, en suma, la felicidad.
Los dejo con la duda y los abrazo.
Leonor
sábado, 12 de febrero de 2011
Quien me enseñó a caminar
La nostalgia, esa palabra que suele usarse para definir un cierto estado de lamento por el tiempo pasado, un extrañar lo que se fue y recrearlo en el pensamiento como un momento mejor que el presente, no es un estado que yo reconozca como una característica de mi esqueleto emocional o psicológico. Miro para atrás y veo una vida con los avatares de cualquier vida, con pérdidas y ganancias, con dolores y alegrías. Y si hay una característica que aparece por sobre las otras como una manta que cubre la mayoría de los hechos, es el trabajo. Y lo que trajo consigo el ejercicio del trabajo constante desde muy pequeña: la disciplina. Si me preguntaran que elemento es esencial para los logros contestaría sin dudar, disciplina, disciplina, disciplina.
Esto es lo que me dieron los que me enseñaron a caminar. No sé realmente quien sostuvo mi mano para que diera mis primeros pasos. Vivíamos en una casa muy grande. Nací en la casa de mi abuela y vivimos allí hasta que cumplí casi dos años, o sea que me fui de allí caminando. Entre tanto tío y tía, y una madre que no era del estilo que suele definirse como "dedicada a sus hijos por completo", rasgo que agradeceré mientras dure mi vida, fue seguramente una tía que no tuvo hijos y que afortunadamente vive todavía, salud tía Haydee!, y luego debe haber habido otra gente, cercana y no tanto, con cuya ayuda aprendieron mis piernas y mis pies a apoyarse en el suelo en busca de sostén y equilibrio. Y cuando pienso que aprender a caminar es exactamente eso: mantener el equilibrio, aferrarse al suelo, estar erguido y plantarle cara a la lluvia, al viento y las tormentas, poder andar solo o en compañía, de día o de noche, no llevarse a los demás por delante, ayudar a cruzar una calle a alguien con dificultades...
Si esto es realmente caminar, concluyo que todas las personas que pasaron por mi vida me ayudaron a ello. Mi merito es haber tomado de cada uno de ellos algo que me sirvió entonces y que aun me es útil.
No recuerdo haber escuchado a mi padre quejarse por el duro trabajo o por levantarse temprano a la mañana. Lo hacía con alegría. No recuerdo una sola queja de mi abuela por la magra situación económica que la acompañó toda su vida. Hace relativamente poco que, por datos recogidos entre la familia y mi memoria, concluí que mi abuela era realmente pobre, y sin embargo nunca lo comentaba, no era tema de conversación.
Su fantasía despertó la mía con cuentos disparatados que inventaba sobre la marcha en los que muchas veces ganaban los malos provocando mis risotadas infantiles. Y luego mis maestros, del colegio, de la universidad, del conservatorio. Cada uno de ellos sostuvo mi mano en algún momento y en algún momento me dijo: "ojo que ahora te suelto, a partir de aquí es cosa tuya". Y lo tome muy a pecho: es cosa mía.
También es cosa mía enseñar a caminar a quien me lo pida.
Caminemos.
Los abrazo
Leonor
P/D. Gracias por los comentarios sobre el libro. Me produce alegría del alma constatar que lo escrito por mi llega a otra alma, en este caso con nombre y apellido, y la alimenta.
Esto es lo que me dieron los que me enseñaron a caminar. No sé realmente quien sostuvo mi mano para que diera mis primeros pasos. Vivíamos en una casa muy grande. Nací en la casa de mi abuela y vivimos allí hasta que cumplí casi dos años, o sea que me fui de allí caminando. Entre tanto tío y tía, y una madre que no era del estilo que suele definirse como "dedicada a sus hijos por completo", rasgo que agradeceré mientras dure mi vida, fue seguramente una tía que no tuvo hijos y que afortunadamente vive todavía, salud tía Haydee!, y luego debe haber habido otra gente, cercana y no tanto, con cuya ayuda aprendieron mis piernas y mis pies a apoyarse en el suelo en busca de sostén y equilibrio. Y cuando pienso que aprender a caminar es exactamente eso: mantener el equilibrio, aferrarse al suelo, estar erguido y plantarle cara a la lluvia, al viento y las tormentas, poder andar solo o en compañía, de día o de noche, no llevarse a los demás por delante, ayudar a cruzar una calle a alguien con dificultades...
Si esto es realmente caminar, concluyo que todas las personas que pasaron por mi vida me ayudaron a ello. Mi merito es haber tomado de cada uno de ellos algo que me sirvió entonces y que aun me es útil.
No recuerdo haber escuchado a mi padre quejarse por el duro trabajo o por levantarse temprano a la mañana. Lo hacía con alegría. No recuerdo una sola queja de mi abuela por la magra situación económica que la acompañó toda su vida. Hace relativamente poco que, por datos recogidos entre la familia y mi memoria, concluí que mi abuela era realmente pobre, y sin embargo nunca lo comentaba, no era tema de conversación.
Su fantasía despertó la mía con cuentos disparatados que inventaba sobre la marcha en los que muchas veces ganaban los malos provocando mis risotadas infantiles. Y luego mis maestros, del colegio, de la universidad, del conservatorio. Cada uno de ellos sostuvo mi mano en algún momento y en algún momento me dijo: "ojo que ahora te suelto, a partir de aquí es cosa tuya". Y lo tome muy a pecho: es cosa mía.
También es cosa mía enseñar a caminar a quien me lo pida.
Caminemos.
Los abrazo
Leonor
P/D. Gracias por los comentarios sobre el libro. Me produce alegría del alma constatar que lo escrito por mi llega a otra alma, en este caso con nombre y apellido, y la alimenta.
martes, 1 de febrero de 2011
UN DIA ES UN DIA
Cinco y media de la mañana del martes, creo que 1ro. de febrero.
En un rato me devoraré un gran plato de ensalada de frutas con yogurt y después de ducha y demás atravesaré la ciudad hacia el norte para grabar todo el día "Herederos...".
En cualquier estación de servicio en la que parare a cargar nafta me dirán: "que mala" con admiración. Es por lo menos llamativa la facilidad con que el "mala" sale admirativamente de la boca de todos, o casi todos. Facilidad y alivio: el malo es un otro, yo soy buenísimo y puedo ver la horrible maldad en otro, otra en este caso, a la que intuyo "buena".
Función sagrada de la ficción. Me creo por un rato una mentira, la busco, disfruto de su belleza fugaz. Vuelve la necesidad del cuento de la infancia plagado de ogros y niñas indefensas. Siempre supimos que no era real pero lo pedíamos cada noche para volver a sumergirnos en ese mundo de fantasía tanto mas confortable que el real.
Anoche cené con una amiga muy querida que acaba de perder a su ser amado. Hablamos de la persona que se fue, de su vida a partir de ahora. De las cosas que trae el devenir, diferentes de lo que esperamos, y de como nos adaptamos a él. Y es en este punto en el que afirmo tenazmente que adaptarse es un acto revolucionario. Es revolucionario adaptarse a lo que no podemos cambiar. Y disfrutar el misterio. Y dejar siempre un margen vacio para que la vida escriba en él lo que quiera.
Miro en la peluquería revistas del llamado mundo del espectáculo y celebro no pertenecer, lo siento patético, ridículo, feo. Y sin embargo pertenezco.
Preparo una percha con ropa mía que le prestaré a Regina. Y se que Regina soy yo y que en este juego con mi sombra saldré fortalecida. No quiero ser la "buena", tampoco la "mala". Simplemente, trabajo-juego-vida son una misma cosa y la convierto en diversión vital, y me cura y me alimenta.
Amanece. Mi día comienza.
Los abrazo
Leonor
P/D. Carlos: la búsqueda es tuya y lo que me sirve a mi puede no ser bueno para otro. Cuando llegues a lo que sea que sea un remanso para tu alma, lo sabrás de manera luminosa. Suerte en la búsqueda.
En un rato me devoraré un gran plato de ensalada de frutas con yogurt y después de ducha y demás atravesaré la ciudad hacia el norte para grabar todo el día "Herederos...".
En cualquier estación de servicio en la que parare a cargar nafta me dirán: "que mala" con admiración. Es por lo menos llamativa la facilidad con que el "mala" sale admirativamente de la boca de todos, o casi todos. Facilidad y alivio: el malo es un otro, yo soy buenísimo y puedo ver la horrible maldad en otro, otra en este caso, a la que intuyo "buena".
Función sagrada de la ficción. Me creo por un rato una mentira, la busco, disfruto de su belleza fugaz. Vuelve la necesidad del cuento de la infancia plagado de ogros y niñas indefensas. Siempre supimos que no era real pero lo pedíamos cada noche para volver a sumergirnos en ese mundo de fantasía tanto mas confortable que el real.
Anoche cené con una amiga muy querida que acaba de perder a su ser amado. Hablamos de la persona que se fue, de su vida a partir de ahora. De las cosas que trae el devenir, diferentes de lo que esperamos, y de como nos adaptamos a él. Y es en este punto en el que afirmo tenazmente que adaptarse es un acto revolucionario. Es revolucionario adaptarse a lo que no podemos cambiar. Y disfrutar el misterio. Y dejar siempre un margen vacio para que la vida escriba en él lo que quiera.
Miro en la peluquería revistas del llamado mundo del espectáculo y celebro no pertenecer, lo siento patético, ridículo, feo. Y sin embargo pertenezco.
Preparo una percha con ropa mía que le prestaré a Regina. Y se que Regina soy yo y que en este juego con mi sombra saldré fortalecida. No quiero ser la "buena", tampoco la "mala". Simplemente, trabajo-juego-vida son una misma cosa y la convierto en diversión vital, y me cura y me alimenta.
Amanece. Mi día comienza.
Los abrazo
Leonor
P/D. Carlos: la búsqueda es tuya y lo que me sirve a mi puede no ser bueno para otro. Cuando llegues a lo que sea que sea un remanso para tu alma, lo sabrás de manera luminosa. Suerte en la búsqueda.
sábado, 22 de enero de 2011
EL ENTUSIASMO
Busco la etimología de la palabra entusiasmo y resulta que viene de EnDeus, vocablo latino que significa algo así como "estar en Dios", en una modesta y personal interpretación moderna del concepto original, que espero me sea permitida.
Y hago un recorrido aproximado por todas las cosas y personas y situaciones que en estos días me llevaron a experimentar entusiasmo: el trabajo, la rutina del trabajo, esa repetición de levantarme al alba y transitar la autopista en sentido inverso a la muchedumbre que llega a la ciudad.
El arribo a un lugar en el que muchas personas, más de cincuenta probablemente, preparan sus herramientas de trabajo en un clima de aparente caos en el que, sin embargo, cada uno de ellos está guiado por un propósito claro. Cada uno prepara lo que será su tarea cotidiana con dedicación, sin que el termo y el mate distraigan ni por un momento la concentración.
Y hay chistes y cantarinos buenos días y alegría. Y todo es bastante pesado y con mucha responsabilidad ya que el error de uno puede estropear el esfuerzo de todos.
Piénsenlo por un momento: ese minuto de historia en televisión que los ha deleitado tiene una historia que fue escrita por autores, una escenografía que fue pensada y realizada, una iluminación, unos actores, vestidos, maquillados y peinados por personas que conocen su oficio, que se mueven según las indicaciones de directores que han pasado la noche anterior imaginando la mejor manera de contar ese fragmento de historia en imágenes de la manera mas bella, y a la vez, posible.
Y luego eso llega a ustedes y si provoca un instante de emoción, un destello de placer y de belleza, misión cumplida.
Y pensé que eso mismo que acabo de describir que sucede en mi trabajo, ocurre con todo por igual. El pan que llega a mi mesa comenzó con semillas arrojadas a un surco, que esperaron la lluvia, y luego la cosecha y la molienda, y el amasado y el horno, y el sabor en mi boca: el alimento, el pan.
¿Sería mejor el mundo si todos hiciéramos lo que nos toca con entusiasmo?
No lo se pero sin duda es algo que merece la pena ser intentado.
La condición imprescindible es el goce en la ejecución de la tarea.
La única pregunta a contestar es: ¿me gusta lo que hago? ¿lo que estudio? ¿aquello en lo que quiero convertirme?
La pregunta que más veces he contestado en el ultimo tiempo ha sido: ¿No te cansa hacer teatro y televisión al mismo tiempo? La respuesta es sí. Pero amo lo que hago y vivo entusiasmada, y alquimizo el cansancio y lo convierto en una dulce y gozosa molicie.
La vida conspira a nuestro favor cuando tenemos claro lo que queremos hacer.
Y cuando tenemos claro que estamos confundidos, también.
No hay nada malo en no saber lo que se quiere hacer. O ser.
Lo malo es no intentar los cambios por pereza, falta de confianza o miedo.
Estamos más a salvo de lo que creemos, o de lo que nos quieren hacer creer.
¿Dios preverá? Sí, si trabajo y busco con alegría y fe. No, si me quedo sentado con desesperanza y desaliento, permitiendo que las noticias catastróficas horaden mi alma y mi cerebro.
Disfruto mi trabajo, celebro este contacto periódico con ustedes, gozo de los encuentros con mis amigos y de mis momentos de soledad elegidos.
Y todo eso incluye los malos momentos en el trabajo, los desencuentros con los amigos y los momentos de soledad no elegidos. Pero por encima de todo prevalece la textura de la vida que me ha sido dada y el agradecimiento.
Gracias por los conceptos elogiosos a mi trabajo. Finalmente para eso trabajo.
Los abrazo
Leonor
Y hago un recorrido aproximado por todas las cosas y personas y situaciones que en estos días me llevaron a experimentar entusiasmo: el trabajo, la rutina del trabajo, esa repetición de levantarme al alba y transitar la autopista en sentido inverso a la muchedumbre que llega a la ciudad.
El arribo a un lugar en el que muchas personas, más de cincuenta probablemente, preparan sus herramientas de trabajo en un clima de aparente caos en el que, sin embargo, cada uno de ellos está guiado por un propósito claro. Cada uno prepara lo que será su tarea cotidiana con dedicación, sin que el termo y el mate distraigan ni por un momento la concentración.
Y hay chistes y cantarinos buenos días y alegría. Y todo es bastante pesado y con mucha responsabilidad ya que el error de uno puede estropear el esfuerzo de todos.
Piénsenlo por un momento: ese minuto de historia en televisión que los ha deleitado tiene una historia que fue escrita por autores, una escenografía que fue pensada y realizada, una iluminación, unos actores, vestidos, maquillados y peinados por personas que conocen su oficio, que se mueven según las indicaciones de directores que han pasado la noche anterior imaginando la mejor manera de contar ese fragmento de historia en imágenes de la manera mas bella, y a la vez, posible.
Y luego eso llega a ustedes y si provoca un instante de emoción, un destello de placer y de belleza, misión cumplida.
Y pensé que eso mismo que acabo de describir que sucede en mi trabajo, ocurre con todo por igual. El pan que llega a mi mesa comenzó con semillas arrojadas a un surco, que esperaron la lluvia, y luego la cosecha y la molienda, y el amasado y el horno, y el sabor en mi boca: el alimento, el pan.
¿Sería mejor el mundo si todos hiciéramos lo que nos toca con entusiasmo?
No lo se pero sin duda es algo que merece la pena ser intentado.
La condición imprescindible es el goce en la ejecución de la tarea.
La única pregunta a contestar es: ¿me gusta lo que hago? ¿lo que estudio? ¿aquello en lo que quiero convertirme?
La pregunta que más veces he contestado en el ultimo tiempo ha sido: ¿No te cansa hacer teatro y televisión al mismo tiempo? La respuesta es sí. Pero amo lo que hago y vivo entusiasmada, y alquimizo el cansancio y lo convierto en una dulce y gozosa molicie.
La vida conspira a nuestro favor cuando tenemos claro lo que queremos hacer.
Y cuando tenemos claro que estamos confundidos, también.
No hay nada malo en no saber lo que se quiere hacer. O ser.
Lo malo es no intentar los cambios por pereza, falta de confianza o miedo.
Estamos más a salvo de lo que creemos, o de lo que nos quieren hacer creer.
¿Dios preverá? Sí, si trabajo y busco con alegría y fe. No, si me quedo sentado con desesperanza y desaliento, permitiendo que las noticias catastróficas horaden mi alma y mi cerebro.
Disfruto mi trabajo, celebro este contacto periódico con ustedes, gozo de los encuentros con mis amigos y de mis momentos de soledad elegidos.
Y todo eso incluye los malos momentos en el trabajo, los desencuentros con los amigos y los momentos de soledad no elegidos. Pero por encima de todo prevalece la textura de la vida que me ha sido dada y el agradecimiento.
Gracias por los conceptos elogiosos a mi trabajo. Finalmente para eso trabajo.
Los abrazo
Leonor
domingo, 9 de enero de 2011
LA VIDA FACIL
Leyendo los comentarios de ustedes a lo que escribo pensé que a lo único que deberíamos escaparle, o tratar de no caer, es que este espacio se convierta en una especie de "refugio privado, una burbuja fuera del mundo hostil que nos toca vivir" y todas esas paparruchas que nos decimos y que no son en el fondo más que autocomplacencia con la que intentamos suavizar nuestra falta de compromiso con la vida de todos lo días, para con los demás y para con nosotros mismos.
LA VIDA FUE SIEMPRE DIFICIL PARA LOS HUMANOS QUE HAN POBLADO ESTE PLANETA DESDE EL PRINCIPIO DE LOS SIGLOS.
No fue mas fácil para nuestro hermano de la era pre-fuego, que moría a los veinte años de frio y hambre, ni para todos los que vinimos después, pasando por las pestes, las guerras y los desastres naturales, ante los que seguimos impotentes. Tal vez sea un desafío, o una prueba, no tengo una respuesta certera. Pero aquí estamos y sería bueno que no malgastáramos la oportunidad.
Lo que a mí me ha dado resultado es la fiereza interna y la suavidad externa, la disciplina y cero "pobrecita yo". Este espacio no debe ser, por lo menos a mi no me gustaría que lo fuera, un sitio de escape del mundo real, sino más bien un lugar de aprovisionamiento para salir a la vida más fuertes y a la vez más despiertos y sensibles para percibir la vida de los otros. Las armas son el pensamiento, la reflexión y la falta de certezas, para que podamos trazar el mapa de nuestras vidas con líneas cortadas, sabiendo que ella, la vida, se encargará de llenar los blancos de la mejor manera posible para nuestro destino. Me consta que es difícil aceptar esto como una verdad.
De eso se trata. Eso, y no otra cosa, es el camino.
Los abrazo.
Leonor
P/D. Enhorabuena para Gi. El tema es poder elegir lo que nos hace bien. Esa es la tan mentada libertad.
LA VIDA FUE SIEMPRE DIFICIL PARA LOS HUMANOS QUE HAN POBLADO ESTE PLANETA DESDE EL PRINCIPIO DE LOS SIGLOS.
No fue mas fácil para nuestro hermano de la era pre-fuego, que moría a los veinte años de frio y hambre, ni para todos los que vinimos después, pasando por las pestes, las guerras y los desastres naturales, ante los que seguimos impotentes. Tal vez sea un desafío, o una prueba, no tengo una respuesta certera. Pero aquí estamos y sería bueno que no malgastáramos la oportunidad.
Lo que a mí me ha dado resultado es la fiereza interna y la suavidad externa, la disciplina y cero "pobrecita yo". Este espacio no debe ser, por lo menos a mi no me gustaría que lo fuera, un sitio de escape del mundo real, sino más bien un lugar de aprovisionamiento para salir a la vida más fuertes y a la vez más despiertos y sensibles para percibir la vida de los otros. Las armas son el pensamiento, la reflexión y la falta de certezas, para que podamos trazar el mapa de nuestras vidas con líneas cortadas, sabiendo que ella, la vida, se encargará de llenar los blancos de la mejor manera posible para nuestro destino. Me consta que es difícil aceptar esto como una verdad.
De eso se trata. Eso, y no otra cosa, es el camino.
Los abrazo.
Leonor
P/D. Enhorabuena para Gi. El tema es poder elegir lo que nos hace bien. Esa es la tan mentada libertad.
domingo, 2 de enero de 2011
Comienzo de un año cualquiera
Cada uno de nosotros comienza lo que sea, un año, un amor, un trabajo, una amistad, una torta, un viaje, a su manera. No hay maneras mejores o peores de comenzar las cosas. Hay formas que nos han sido impuestas, por la televisión, por las costumbres familiares, por lo que dicen los "famosos" a los que queremos imitar, por la publicidad, (han notado que la publicidad nos indica lo que tenemos que desear?), por los amigos. Y una de esas cosas es hacernos una lista, real o mental, de todo lo que debemos "mejorar" en nuestras vidas y en nuestras maneras de ser cada vez que comienza un año nuevo.
Y mientras brindamos cada uno de nosotros repasa su lista fervorosamente y necesariamente caemos en la cuenta de que al comienzo del año pasado nos prometimos muchas cosas que están en la lista de este año y que no se cumplieron. Que no cumplimos. Porque muchas de esas cosas eran cambios que dependían de nosotros y no llegamos, por la razón que sea, a lograr nuestros objetivos. Y traer esa conclusión a nuestra conciencia nos llena de desazón, angustia y culpa.
No nos sentimos suficientemente buenos, no tuvimos voluntad, se nos fue el tiempo.
Y yo me pregunto: qué pasa si no lo hemos logrado? Qué pasa si no logramos ganar más dinero? Encontrar un nuevo amor? Cambiar de trabajo? Cantarle cuatro frescas a esa amiga/o que nos tiene hartos? O a nuestra madre, padre, hermana/o?
Sean cuales fueren las razones por las cuales no pudimos tachar de nuestra lista esos asuntos pendientes, que no nos hagan olvidar los logros existentes.
Nuestra vida es nuestro éxito. Nuestro camino imperfecto, nuestras angustias y nuestros fracasos son nuestro éxito. Nuestros dolores por las perdidas.
Desde este mismo lugar hemos llorado juntos la partida de Romina Yan y hemos lamentado cosas que ocurrieron que hubiésemos preferido que no ocurrieran en nuestro país y en el mundo. Cada uno de nosotros, lo siento, lo percibo cuando los leo, busca el mejoramiento de su persona, y me incluyo. Ese es nuestro éxito. Somos personas exitosas por eso, por la búsqueda. Y es probable que al revisar la lista del fin de año pasado, al revisarla a solas y con profunda sinceridad, descubramos que muchas de esas promesas de cambio que nos hicimos hayan dejado de interesarnos y ha sido una suerte que no se realizaran. Eso que nos pareció tan terrible ha perdido importancia y pasaron otras cosas maravillosas que no esperábamos que ocurrieran.
Y es verdad que hay dolores que no sanan nunca y con los que hay que vivir. Soy de la opinión de que hay que vivir con las heridas, acostumbrarse a ellas y convertirlas en cicatrices del alma. Es lo que nos hace humanos en vez de seres esterilizados y pasteurizados.
Rompamos las listas de propósitos y vivamos el día a día sin buscar atajos. Atravesemos las tormentas, saldremos fortalecidos.
Cuidemos nuestro cuerpo.
Amémonos y amemos a los otros. Con comprensión y compasión.
No nos quedemos donde no queremos quedarnos.
Y dejemos un espacio en blanco para que la vida lo llene con lo inesperado y sorpresivo. No nos arrepentiremos. Lo prometo.
Los abrazo.
Leonor.
P/D. Para el comienzo de un año cualquiera les regalo la ultima estrofa de un poema de Borges que trata sobre la vida y el destino:
"...No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro,
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas esta Dios, que acecha".
Jorge Luis Borges
Y mientras brindamos cada uno de nosotros repasa su lista fervorosamente y necesariamente caemos en la cuenta de que al comienzo del año pasado nos prometimos muchas cosas que están en la lista de este año y que no se cumplieron. Que no cumplimos. Porque muchas de esas cosas eran cambios que dependían de nosotros y no llegamos, por la razón que sea, a lograr nuestros objetivos. Y traer esa conclusión a nuestra conciencia nos llena de desazón, angustia y culpa.
No nos sentimos suficientemente buenos, no tuvimos voluntad, se nos fue el tiempo.
Y yo me pregunto: qué pasa si no lo hemos logrado? Qué pasa si no logramos ganar más dinero? Encontrar un nuevo amor? Cambiar de trabajo? Cantarle cuatro frescas a esa amiga/o que nos tiene hartos? O a nuestra madre, padre, hermana/o?
Sean cuales fueren las razones por las cuales no pudimos tachar de nuestra lista esos asuntos pendientes, que no nos hagan olvidar los logros existentes.
Nuestra vida es nuestro éxito. Nuestro camino imperfecto, nuestras angustias y nuestros fracasos son nuestro éxito. Nuestros dolores por las perdidas.
Desde este mismo lugar hemos llorado juntos la partida de Romina Yan y hemos lamentado cosas que ocurrieron que hubiésemos preferido que no ocurrieran en nuestro país y en el mundo. Cada uno de nosotros, lo siento, lo percibo cuando los leo, busca el mejoramiento de su persona, y me incluyo. Ese es nuestro éxito. Somos personas exitosas por eso, por la búsqueda. Y es probable que al revisar la lista del fin de año pasado, al revisarla a solas y con profunda sinceridad, descubramos que muchas de esas promesas de cambio que nos hicimos hayan dejado de interesarnos y ha sido una suerte que no se realizaran. Eso que nos pareció tan terrible ha perdido importancia y pasaron otras cosas maravillosas que no esperábamos que ocurrieran.
Y es verdad que hay dolores que no sanan nunca y con los que hay que vivir. Soy de la opinión de que hay que vivir con las heridas, acostumbrarse a ellas y convertirlas en cicatrices del alma. Es lo que nos hace humanos en vez de seres esterilizados y pasteurizados.
Rompamos las listas de propósitos y vivamos el día a día sin buscar atajos. Atravesemos las tormentas, saldremos fortalecidos.
Cuidemos nuestro cuerpo.
Amémonos y amemos a los otros. Con comprensión y compasión.
No nos quedemos donde no queremos quedarnos.
Y dejemos un espacio en blanco para que la vida lo llene con lo inesperado y sorpresivo. No nos arrepentiremos. Lo prometo.
Los abrazo.
Leonor.
P/D. Para el comienzo de un año cualquiera les regalo la ultima estrofa de un poema de Borges que trata sobre la vida y el destino:
"...No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro,
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas esta Dios, que acecha".
Jorge Luis Borges
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