Empecemos de nuevo: este blog nació con
la intención de estar en contacto, y con la otra intención, más profunda a mi
entender, de tener un espacio para el pensamiento que nos ayude a creer, a
crecer, a amar, a vivir mejor.
Ustedes decidieron que yo puedo aportar
algo a ese propósito.
Yo también lo creo así.
Y lo creo porque he logrado tener una muy
buena y plena vida a pesar de todo.
Los “a pesar de todo” de mi vida son,
algunos conocidos y otros estrictamente personales.
Y seguirá siendo así.
Tal vez haya una zona no sospechada de
ser un problema a solucionar, y de la que no tengo problema en hablar, y que
tiene que ver con la fama, el ser conocido, en una palabra, la perdida del anonimato.
Y, que quede claro por favor, esto es así
para mi. Es difícil considerar un escollo para el crecimiento un hecho que
parece ser deseable para la mayoría de las personas y hoy más que nunca y cada
vez más.
Mi amigo Juan Leyrado, con el que me
encuentro menos de lo que me gustaría, recuerda que después del tremendo suceso
de “Gasoleros” nos encontramos para tomar un café y le dije: “Ya te paso lo
peor que te podía pasar, tuviste éxito, ahora pensá que vas a hacer con eso
porque es un hueso duro de roer”.
Para una persona cuya intención es
transitar su camino como una posibilidad hacia la plenitud y la realización
personal, el éxito, eso que llaman éxito, es un tremendo escollo, con una
particularidad que lo complica todo más aun: ha sido buscado. Nadie nos ha
obligado a convertirnos en gente conocida.
Simplemente elegimos una profesión
cuya consecuencia es la perdida del anonimato, y la perdida del anonimato es
eso, una perdida.
Hay dos posibilidades: o tomamos el éxito
como algo que alimenta nuestro ego y nuestra vanidad, o nos preguntamos que
hacer con ello porque es un arma poderosa con la que se puede dañar, o iluminar
el pequeño espacio que como humanos nos ha sido dado.
No tiene nada de malo celebrar los
logros, pero si se trata de ejercer
influencia, en un número pequeño o grande de personas, tengo que tener
los ojos abiertos porque eso es un don que al menor descuido se convierte en un
veneno. Para mi y para los otros.
Si “los otros” son un mero instrumento,
un escalón de una escalera que no se sabe adonde va, mala cosa.
Insisto, esto es así para mí. Si quieren
buscar ejemplos de lo que digo tienen un espectro amplísimo para elegir, en un
sentido o en otro, vivan en Argentina o en cualquier otro lugar del mundo.
Ustedes pueden estar de acuerdo conmigo
acerca de lo que escribo, o todo lo contrario.
En general desarrollo ideas que no están
con frecuencia en los medios de comunicación y muchas cosas pueden ser
difíciles de digerir. Y respeto al que disiente.
Yo solo pretendo proveer herramientas, y con
toda libertad pueden tomarlas o dejarlas de lado.
En la columna anterior me refería, creo
que con claridad, a la repetición casi gozosa de las emociones negativas. Lo
que está escrito es lo que pienso y es un ejercicio experimentado con mi propia
vida. A mi me funciona. La mala memoria para los hechos desgraciados me ha
funcionado siempre. El punto de vista de la victima para relatar mi propia vida
no va conmigo pero, insisto, es una elección personal.
Yo, Leonor, persona, actriz, madre,
mujer, ciudadana, amiga, he decidido no delegar el mando. Ni los gobiernos, ni
la religión, ni las crisis económicas, ni mis relaciones afectivas lograrán
apoderarse de mi destino. Destino que incluye dolores y perdidas, y fracasos,
todo viene en el paquete y así lo tomo.
DIGAN A LOS GRITOS TE QUIERO Y HABLEN CON
QUIEN QUIERAN HABLAR Y COMUNIQUENSE CON TODOS!!!!!!!!!!!!
Solo hay que cambiar cuando uno siente
que no esta siendo todo lo feliz que se merece y culpa al afuera de esa
situación.
Los abrazo.
Leonor.
P/D. Probablemente uno de los daños
colaterales de ser conocido sea el que los demás se sientan con derecho a
interpretar. No interpreten, ni a mi ni a nadie. Si los tranquiliza, no me pasa
nada malo, todo lo contrario, estoy encarrilando mi vida por los senderos que
quiero transitar.
