
Vamos a hablar en serio. No porque no lo hayamos hecho hasta ahora. Digo hablar en serio porque avanza, una vez mas, una solapada misoginia disimulada en el diseño, la moda y en nombre de una pretendida belleza cuyo único fin, aunque sus autores no lo perciban concientemente, es detener a las mujeres. Y eso, sin lugar a dudas, es serio.
Pido, con cuidado y sencillez, que cada uno deje sus pensamientos y posturas acerca del tema “mujeres”, por un rato nada mas. El tiempo que lleve leer esto y observar con detenimiento las imágenes que lo ilustran y luego, si lo decide, vuelva a su posición anterior. Es licito y legitimo hacerlo.
Los que me conocen saben de mi reticencia a declararme “feminista”, saben que no estoy de acuerdo con un movimiento que olvida a las mujeres africanas con el pretexto del “relativismo cultural”, y permite que la mutilación genital siga practicándose sin ningún tipo de freno. Pero defiendo la causa de las mujeres con el mismo vigor con que defiendo cualquier clase de minoría de las que conforman la humanidad: gays, lesbianas, negros, judíos, gitanos. Con el agravante de que las mujeres son mayoría estadísticamente hablando.
Y voy al tema: caminar, avanzar, correr, moverse, adelantarse, son términos que tienen significado real y metafórico. Una persona, hombre o mujer, avanza no solo cuando pone un pie delante del otro para trasladarse. Decimos que avanza cuando evoluciona, cuando camina decididamente hacia su destino, cuando quiere ser mejor persona. Cuando alguien, aunque tenga ya un lugar ganado, busca mas conocimiento, mas instrucción, mas formas de expresarse, decimos que “no se detiene”.
Ahora, como caminar con esos zapatos que nos muestran orgullosos los diseñadores de la llamada vanguardia de la moda es imposible, debería darse, pero al revés, una rebelión como la que propuso Coco Chanel a principios del siglo XX cuando advirtió que las mujeres no podrían realizar los nuevos roles que les asignaba la historia con esos corseletes que les impedían respirar y esos pollerones con los que no era posible caminar por las calles. Y mucho menos ir a las fabricas a trabajar. Y fue aceptada la falda corta, el pelo corto y los pantalones. Personalmente pienso que Coco Chanel fue una de las mas espectaculares impulsoras de la libertad femenina.

A las chinas de clases altas les quebraban los pies porque su bamboleo al caminar las hacia atractivas a los ojos de los hombres. Estaba claro que no podían escaparse ni correr.
A las de clases bajas les evitaban esa tortura: ellas tenían que trabajar los arrozales.
Esa costumbre se extendió hasta 1957.

Los tiempos han cambiado pero de tanto en tanto aparecen atisbos de algo que podría traducirse como una cierta molestia por los lugares que vienen ocupando las mujeres. Todo esto es sentido como una amenaza sin advertir que en el mundo hay sitio para todos. Eso si, si todos nos percatamos de la existencia del otro y le hacemos un lugar.
Es probable que, como todo movimiento que quiere cambios, las mujeres hayamos caído en excesos. Yo confieso que no sabría que proponer para solucionar esto si ocupara un puesto de alto mando. Pero observo y me doy cuenta de que hoy EEUU tiene un presidente negro por primera vez en su historia porque lo apoyaron los blancos, que los gays lograron las leyes que querían porque las promovieron los heterosexuales, que Daniel Baremboin con una orquesta formada por chicos palestinos e israelíes esta logrando mas por la paz en ese lugar del mundo que todas las reuniones de políticos.

Es hora de reconocer que necesitamos el apoyo de los hombres si queremos, efectivamente, no ser objetos de consumo sino personas libres. Pero tenemos que empezar por nosotras e intentar una manera de ser que, en vez de recitar la igualdad “sea” un exponente de esa igualdad.
Con paciencia, inteligencia y compasión.
Cuando un hombre no le da el asiento a una mujer embarazada no es que sea un cretino, es que nadie le ha dicho, su madre debería haberlo hecho, que esa mujer lleva dentro de si el futuro de todos nosotros, y que es una carga muy pesada, literal y metafóricamente.
Y que ese hijo no le pertenece a ella.
Finalmente, todos somos hijos de todos.
Los abrazo
Leonor

P/D. 1) Cuando escribo acerca de ciertos temas, no pretendo que el resultado sea salir a la calle y decir “que barbaridad, como esta el mundo”!. Lo que espero es que nos transformemos a nosotros mismos y que, silenciosamente, “seamos” eso que les reclamamos a los otros.
No conozco otra manera de cambiar las cosas.
P/D. 2) Gracias a Maria Laura Álvarez, Victoria Benedetto y Christian Lancestremere, que trabajaron para que este tema estuviera tan maravillosamente ilustrado